Taller con Benjamín Feldman

La Cuarta Sesión Será:
Domingo, 12 de Julio, 11 am Hora de México
90 Minutos

Después de la cuarta sesión teórica
habrá la oportunidad de tomar cuatro sesiones de prácticas

Si no has participado, lee la entrada “La Conciencia” y después sigue el orden de los videos.

Entrada en el Blog: La Conciencia

Video: Plática introductoria del 15 de Junio (55 min)

Video: Primera Sesión 21 de Junio (01:05min)

Video: Segunda Sesión 28 de Junio (1:20min)

Video: Tercera Sesión 5 de Julio (1:13min)

No podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento
que usamos cuando los creamos —Albert Einstein

La Conciencia

Próxima Sesión: Domingo 21 de Junio 11am, hora de México, por Zoom

Nueva Frontera de la Ciencia

Tenemos recursos internos que desconocemos o usamos poco, pero que son reales y aprovechables para fortalecer la inmunidad y restablecer equilibrio en la mente, para contrarrestar problemas como ansiedad, depresión, insomnio y enfermedades causadas o agravadas por el estrés; o simplemente para aumentar nuestra vitalidad y bienestar mental y físico.

El reto al que nos enfrentamos hoy en día, tanto a nivel individual como colectivo, no es sólo la pandemia, sino su concatenación con situaciones políticas, económicas, sociales y climatológicas globalizadas, que nos llegan a tocar de manera muy personal.

También se habla de que está terminando el orden mundial que prevaleció durante los últimos 75 años. O sea durante la mayor parte, o toda, nuestra vida. Ése orden de cosas surgió de la mano del descubrimiento de la energía nuclear y la detonación de la bomba atómica. Un evento terriblemente destructivo que dio lugar a la guerra fría y finalmente a lo que parecía ser un triunfo de la Democracia Liberal y la Economía de Mercado con la caída del Muro de Berlin.

El desmoronamiento de una situación en la que por lo menos se hablaba de democracia y libertad de expresión, también nos está afectando. Por ejemplo, cuando Trump llama a la prensa el enemigo del pueblo, 44 países atacan a la prensa libre, entre ellos México.

Menciono este contexto porque es interesante, incluso importante, que el entendimiento del fenómeno de la conciencia, con la que percibimos el mundo exterior, y con la que percibimos nuestros pensamientos y sentimientos, viene formado en la fila del conocimiento científico, después del entendimiento del átomo.

Cómo se da esta curiosa secuencia de estudio resulta fascinante; pues resulta que no sólo nos vemos afectados por lo que ocurre objetivamente a nuestro alrededor, como sería, obviamente, la detonación de una bomba, sino que algo similar ocurre en reversa.

El método científico, y el sentido común, asumen que nuestra capacidad de percatarnos de las cosas funge como observadora del mundo objetivo y separada de él. Sin embargo, al mismo tiempo que se descubría como usar el poder encerrado en el átomo, la física se topó, inesperadamente, con que el observador, en este caso del átomo, parece transformar lo observado. ¿!Por el sólo acto de observarlo!?

Eso no se ha terminado de entender, aunque ya ha generado tecnologías como el GPS y el dispositivo en el que lees esto en este momento; pero la ciencia tiene hoy en día más interés que nunca de entender bien a bien el fenómeno de la conciencia.

Sé que esto puede sonar muy técnico y abstracto, pero el punto es que se puede vislumbrar que poseemos un poder incalculable por el solo hecho de tener la facultad de ser conscientes. En algunas tradiciones y culturas antiguas eso se daba por sentado.

Podemos preguntarnos si las soluciones que surjan en un nuevo orden mundial, las que nos permitan que las cosas se pongan mejor, después de ponerse quizá peor, provengan de manera significativa del entendimiento del fenómeno de la conciencia.

Sin embargo, la pregunta inmediata y práctica ante nosotros es si el confinamiento nos proporciona una oportunidad para inmunizarnos, en un sentido literal, pero también más amplio, del caos que se ve venir, rescatando herramientas de conciencia que ya existen pero que están mayormente en desuso. ¿Podemos empoderarnos, en vez de caer presos de lo que sucede en nuestro entorno? ¿Podemos incluso transformarlo? La respuesta es un rotundo sí.

Taller Domingo 21 de Junio 11am, hora de México

Invitación a una serie de cuatro platicas, los domingos, comenzando este domingo 20 de Junio, por Zoom.

Estas cuatro sesiones teóricas irán seguidas de otras cuatro sesiones prácticas, de instrucción en la meditación. Les quiero asegurar que nada de esto será difícil, y que todo a quien le interese podrá completar las ocho sesiones con éxito, con ello obtendrán autosuficiencia para meditar en casa solos, por unos minutos, diariamente.

El uso de esta metodología como parte de su rutina diaria tendrá efectos palpables profundos e inmediatos.

Si ya tienen una práctica mental o espiritual que les es útil, les puede resultar interesante, de todas maneras, asistir a las cuatro conversaciones teóricas.

Trascender esta Crisis

Justo cuando la oruga pensó que el mundo se acababa, se transformó en mariposa

El panorama ante nosotros; y la oportunidad:
El Panorama

La situación en México es seria.

Podrá haber pronto mucha gente desesperada por satisfacer sus necesidades más básicas de salud, alimentación y duelo. En términos de salud, no sólo por el virus, sino por la saturación de un sistema que ya distaba de ser óptimo. Esperemos que no se sume a esto algo como un huracán, con fuerza redoblada por los efectos del calentamiento global, o algún evento de esa índole. 

La pandemia ejercerá presión sobre la condición económica de millones de personas, lo cual seguramente generará un aumento de desorden social e inseguridad.

La presión en la frontera con Estados Unidos posiblemente se agrave. El ingreso a aquel país, que ha funcionado para México como una válvula de escape y una fuente de recursos repatriados, será cada vez más difícil; y la situación puede tomar sesgos militares.

A nivel mundial, la situación también es seria. Según el Secretario General de la ONU esta pandemia es el mayor reto que se ha tenido desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Estará demarcando el cierre de un ciclo de 75 años, que comenzó con la detonación de las primeras bombas atómicas y la subsecuente ascendencia de la democracia liberal hermanada con la economía de mercado?

La democracia comenzó a desmoronarse hace unos años, en EEUU, que era su máximo proponente, así como en otros países donde se ha visto el ascenso del populismo de izquierda y de derecha, en parte porque la economía de mercado se convirtió en un capitalismo desbocado y fracasó en cerrar la brecha de iniquidad económica que, en vez de disminuir, ha aumentado en muchos países. Esto ha cambiando drásticamente el mundo en el que nacimos la mayoría de quienes estamos vivos hoy en día.

¿En vez de volver a la “normalidad” pronto, será que estamos en el cierre de una etapa más prolongada? ¿Sería muy descabellado irnos a la Atenas antigua, donde identificamos el origen del ideal democrático y la Civilización Occidental, para abrir el paréntesis que se cierra ahora?

Quizá cuando cayó el Muro de Berlin la democracia tuvo su mejor oportunidad, en 2,500 años, de mostrar sus supuestas virtudes. En lugar de ello se degradó y su ideal, que nunca fue plenamente expresado, se corrompió.

Las civilizaciones comienzan y terminan. La Occidental surgió de la Edad De Bronce, que colapsó en una especie de edad media que los historiadores llaman la “Era Oscura” de Grecia. No pensamos mucho en ello pero puede ser util recordar que una vez, por mas de 2,000 años, las civilizaciones de la Edad de Bronce formaron un mundo globalizado, que comerciaba del Mar Egeo al Valle del Indus, pasando por Egipto y Mesopotamia.

La Grecia que reemplazó aquello también nos trajo el juramento hipocrático. Es paradójico que, aun antes del virus, se había vuelto peligroso ir al hospital para aliviar un daño. En un giro perverso de las cosas, algunas de las bacterias más perniciosas, que responden cada vez con mayor dificultad a los antibióticos, habitan precisamente ahí.  Las enfermedades iatrogénicas, que resultan del ejercicio de la medicina moderna, ocupan un porcentaje cada vez mayor en las causas de mortalidad.

Otros elementos, como la extinción masiva de especies y el calentamiento global, nos hacen sentir que no son la política y la salud, con todos sus efectos sociales y económicos, las únicas crisis que podrían concatenarse en una cascada global, sobretodo en los países en desarrollo. México sería sólo un ejemplo que no pinta demasiado bien.

En tal situación esperaríamos que el método científico que ha venido guiando nuestra civilización desde el siglo XVI nos saque del atolladero, pero, oh suerte, éste también entró en crisis, hace 100 años. Hace falta entender mejor cómo están relacionadas la física de lo de lo grande, mediante la fuerza de gravedad, que incluye el cuerpo humano y el cosmos, y la de lo pequeño, los átomos por ejemplo, explicado mediante la teoría cuántica.

Son dos formas sumamente exitosas de entender las cosas, en términos de experimentación y tecnología. Aparecieron en el panorama de la ciencia hace unos 100 años, pero todavía no se llevan bien entre sí. También hace falta entender mejor el fenómeno de la conciencia y su papel en una realidad que asumimos es objetiva e independiente de quien la observa.

A lo mejor falta por entender una intersección entre la fuerza de gravedad, el ámbito cuántico y la conciencia, para poder explorar nuevas tecnologías y metodologías, y poder rescatar otras del pasado, que sienten las bases de un futuro donde esta conjunción de crisis haya sido ultrapasada.

La Oportunidad

Las crisis sacan a relucir lo peor, pero también lo mejor de la naturaleza humana, como la solidaridad que se dió en CDMX después del terremoto del 2017. Puede uno vislumbrar cómo la situación actual, por lo mismo que es más grave y global, podría llegar a dar forma a un gobierno solidario, útil, eficiente, genuino, sin grilla, no sólo en México, sino alrededor del mundo. 

No es difícil imaginar cómo la administración pública y privada, la salud, la educación, la economía, la producción agrícola e industrial, habrán, por necesidad, de terminar adoptando enfoques completamente distintos, basados en la expresión de una conciencia más evolucionada y su respectiva tecnología. Este proceso podría llevar a la humanidad a una plataforma de vida mucho más elevada, casi inimaginable, así como la tecnología que poseemos hoy era inimaginable hace 100 años. 

Pero el sentido común parece indicar que la transición, la eliminación de la tensión acumulada en un nivel más bajo de conciencia, podría no ser tan suave, ni tan corta. ¿De qué dependería?

Si se llegara a dar una situación globalizada de disrupción, emergencia y caos—médico, social, económico, político y militar—la calidad de la conciencia de cada quien en lo individual podría ser lo definitorio, también lo que distinga a los líderes y separe, como dice el dicho, a los hombres de los niños.

Pero en este contexto “conciencia” no sería el conjunto de ideas o filosofías que nos rigen, sino algo más fundamental, incluso fisiológico. 

Hoy en día, quienes enseñan las técnicas más avaladas de meditación, hablan de algo palpable en la gente que apenas inicia su práctica: tienen experiencias muy claras de un nivel de descanso en alerta, o nivel trascendental de la conciencia, que antes sólo se alcanzaba después de años. 

Los fisiólogos identifican este estado como un cuarto estado de conciencia, diferente al dormir, soñar o estar despiertos, y ven, como resultado de esta experiencia, un mejoramiento en la calidad de vida e interacción social, que es con más empatía. 

Parecería que podemos vislumbrar, en esta nueva claridad de experiencia individual, el testimonio de un proceso en marcha de elevación de una “conciencia colectiva,” cuya definición se acercaría más a la de un “campo” de la física, como el gravitacional o electromagnético, que a la prevalencia de una ideología. Este concepto “físico” de conciencia colectiva es nuevo, sin embargo ya cuenta con evidencia científica.   

Es la resultante del grado de coherencia o tensión de todas las conciencias individuales que la conforman. Una conciencia colectiva más coherente es el campo fértil para nuevas formas de pensar, más creativas y beneficiosas. Es algo así como el aire que todos respiramos, invisible pero omnipresente, cuya pureza incide directamente en nuestra calidad de vida.

Pero dicha elevación de la conciencia colectiva no ha bastado, evidentemente, para solucionar los problemas creados anteriormente.  A lo mejor sólo ha sacado a la superficie lo que tiene que cambiar y lo ha hecho más urgente. Llegamos a un estado de emergencia, pero quizá ésta no se encuentra primordialmente en el exterior; y lo que hace falta, más que nada, es recapacitar y enfocar sin demora lo que podemos y debemos hacer de cara a nuestro interior individualmente.

El concepto de la trascendencia es perfectamente asequible a una mentalidad moderna, además de algo fascinante (<—leer al respecto acá)

Parecería que lo que se impone ahora mismo es que cada quien examine la posibilidad de cultivar un estado trascendental. De hecho, la situación física de aislamiento, y la dinámica de la situación en general, presentan una oportunidad para un desarrollo exponencial de conciencia, no nada más para pasar el tiempo.

Podría ser el agente de cambio más significativo para dar una dirección constructiva a un cambio global rápido y profundo.

Pero la decisión de dejar que nuestra identidad individual se pierda en un océano de conciencia ilimitada, requiere valor: 

“Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo… mira para atrás, hacia todo el día recorrido, para las cumbres y las montañas, para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y ve hacia adelante un océano tan extenso, que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre. Pero no existe otra manera. El río no puede volver. Nadie puede volver. Volver es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar al océano. Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá, porque apenas en ese momento, sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino volverse océano.”

—Khalil Gibran—  

Éste parece ser el momento idóneo para ensanchar la conciencia individual, para la disolución de la corriente individual de conciencia en la ecuanimidad del agua que está en el fondo silencioso del océano, a pesar de sus olas turbulentas en la superficie. Pero se necesita fe, fe en lo que las religiones de antaño llamaban “ser cobijados por la luz de Dios” (lo cual en esta era científica puede ser un lenguaje chocante y vetusto), fe porque antes de ser absortos por esa luz (llamémosla así de todas maneras) ésta nos parece, por necesidad, informe, abstracta, indefinible. 

Esto nunca se podrá objetivar, aunque sea la concreción de la abstracción pura. Es la disolución de los límites, no la consecución de “algo.” El ego está acostumbrado a la ilusión de consecución.

El Ser absorbe, disuelve la idea del “yo” separado, pero tenemos que permitirlo, con el discernimiento individual que descansa en una  comprehensión (que es más como captar que entender) universal.  

Se requiere confianza o valor, y no esfuerzo, para entrar en el estado meditativo aceptando con toda humildad cualquiera que sea la suma de nuestras situaciones y circunstancias, nuestro karma podríamos decir, con apertura de conciencia, con reverencia a lo imponderable… y dejar ir. 

No encontremos motivos para esperar, para posponer. Demos el salto. Cada uno. Individualmente. Permitamos ser absortos por lo trascendente. Podría ser que hoy por hoy no baste con nada menos.

“I”

Like the rest of us, I don’t know who I am. 

I know what I like, whom I Iove, whom I don’t. I know what my thoughts are about certain things, I recognize the body that carries the mind that thinks those thoughts, I know its name, what it looks like, many others do. 

They say, hey Kuber, how are you. Some know the family into which I was born, how old I am, what I’ve done with my life (they’ll have different opinions about that, haha). 

So, am I the aggregate of the body and all these attributes, histories and events attached to my name? Am I the collection of all that, plus my thoughts or my feelings? Initially, as a child, certainly I was just that. I was being defined from outside. 

But if I’m just a collection of stuff, why do I call these things mine?

If they are mine, whether inside or outside my mind, they are different from ME! 

There is some sense of I-ness beneath all that. But if I try to pinpoint it, it seems elusive, a sense of being beyond any thought. 

Doesn´t the same happen to you?

What would happen if the “I” could turn its attention on itself for a moment, instead of always being busy completing sentences like I…am an academic, or a carpenter, I…see a beautiful sunset, I…want this or that, I…love my spouse (hopefully). I…think…about a million things. 

What if one could remain awake within, to glimpse this I-ness by itself, when thoughts and perception have subsided, instead of collapsing into sleep or unconsciousness. 

The sense of I-ness seems to be linked to the body, but it seems to also be kind of ethereal. It doesn’t seem to have defined boundaries, to begin and end somewhere, to have borders, the way one’s body does. 

Maybe I-ness is similar to what a screen is for a movie. I have been going to the movies for many years, I know a lot about movies, I am used to seeing exactly where Meryl Streep (my favorite actress) begins and ends—but the screen underneath her is not bound by the same kind of limits that she appears to have. 

We can even imagine, for the sake of this analogy, the screen going indefinitely in all directions. The screen provides an unbounded basis for the boundaries of which the movie is made. 

The movie begins and ends on schedule, but ultimately the screen is more real (i.e. more permanent) than the movie projected on it. It does not partake in the dimensions of time and space where its narrative, images, words and music come and go. The screen is both transcendental and immanent to the movie I saw today; as to the movie that will play tomorrow. 

But whenever a movie I go to see is over, the screen goes dark, I never experience the screen. 

And yet, without the experience of the transcendent basis of experience, what am I really? 

I wish I had the answer—but what I know is that what actually makes me human is the desire for transcendence, for going beyond the mind or the body, or even the feelings, which without transcendence might seem to pertain to the animal realm. 

I may transcend through love of family or community, through my service to them or to a cause, through art, philosophy, through knowledge, even through business I want to transcend my limitations. All these are things the raccoons in my garden seem incapable of doing–or not quite like me anyway.  

But can the projector be left on without a movie, even for a moment? Can we get to experience the transcendent consciousness directly? 

That might set us apart, not only from the animals, but from artificial intelligence as well. To actually be able to know our essence. Pure consciousness. 

Not pure in an ethical sense, but as a technical description. Like distilled water is different from water mixed with other things. 

Is it difficult to attain? Maybe not with proper instruments—trying to cut vegetables with a blunt knife doesn’t do the trick. Might we be able to avail of the right technology needed in this technological age? 

But the main question we want to ask may be a different one: what would be the point of glimpsing or attaining this state of “pure” consciousness? Just to be different from a robot or a raccoon? It would seems utterly pointless, negating the very specialness I am trying to ascribe to the human race here. 

We can glorify our life with all the other forms of transcendence, so why pursue this direct transcendence. Without denying the tremendous and wondrous capacity of the human spirit to soar through almost any means, let’s give its rightful place to research. 

Research!?

It is probably natural to object to anything that interferes with a sense of knowing already pretty much everything we need to know, especially as we get older. Otherwise have we been wasting our time? Yes, more anecdotal knowledge about anything is welcome, we may read many books, but not something that truly challenges our sense of control.

But if that is taken too far, we may be calling a new virus simply a flu—for example—beyond the point we should be; and we could be doing so at our own peril. 

Truly going beyond our knowledge goes in the opposite direction of the feeling of having things under control. Nevertheless, we can admit that we don’t know little things—such as how this universe was created and what happens when we die—let alone the answer to the big questions–like why are there so many boxes of cereal in the supermarket if they all taste the same? 

We may outsource difficult questions to a religion, to atheism, agnosticism,  philosophy (of science, or otherwise), etc. . 

But let’s be humble and admit that that the symbols or words that philosophy and religion use to convey their ideas of permanence are provided to us from outside ourselves. Language too is an object in our consciousness, put there by mom and dad and education, and is also different from the transcendental sense of I-ness. 

I’m prepared to accept that the faith that may emanate from these ideas goes beyond words or even emotion, that faith feels like a cognition rather than acquired knowledge, it is something that you know for certain, even if you cannot prove it to anyone else. In this case words seem to confirm something that precedes them. Faith is like a presence or Is-ness that approximates and elevates the I-ness to it. Perhaps that’s why faith makes us feel so alive. Any faith, even faith in the absence of God. 

I myself have faith in the power of Nature, call it that for lack of a better name. I can sense it. I can even say I have experienced the miraculous sometimes. But sensing or occasional proof is different from truly knowing, the kind of knowing that requires the subject of knowing and the object of knowledge to become one and the same. That may require bringing consciousness to a level that transcends distance and difference.

Perhaps research into consciousness can teach us something. Research that is not mediated by a microscope or telescope or even words, research into the direct self-referral experience. What the ancients called meditation, not what that word has come to mean in the West (to think about something). Or maybe what the West would call psychotherapy, if it were capable of removing obstacles to transcending–not just reveal why you should hate your mother!

Maybe such research would allow the projector to stay on and the curtain open, without an intervening film. The ancient peoples from the East called this the experience of the Self. They vested in the word huge symbolism by simply capitalizing it. 

In English we also capitalize the ”I,” but I have a feeling that the ego is something different from the Self. 

If I find out, I will be sure to let you know. I would love to brag about it! 

But if the ego wants to appropriate this attainment of the Self, as if it was money, or beauty, or a degree, will it become elusive again, like a mirage, something that one can never really grasp–because its not a thing? Will it become hidden again like all other objects under the screen—only this time by a movie about the Self?

Aghh, it seems ”I” cannot win. 

Maybe the Self can?

And if it really does, the transcendent might become the immanent. Once a scientist isolates a field of study, say the electromagnetic field, or the gravitational field, it is easier to realize it everywhere spontaneously, even if it is hidden to the untrained eye.

Under those circumstances art may become more significant, love richer, knowledge more profound, philosophy more meaningful, and every little act or perception or relationship could take a more luminous quality.

And if consciousness is thus cultivated, maybe society can even come out from the problems created by it in a less cultivated state?

Maybe what civilization needs now, after mastering the electronic and the atomic levels of nature, after quantum theory has produced such wonders as the GPS and the semiconductor in the device you’re probably reading this on, is a technology that utilizes the brain itself. If it can produce a world of wondrous images and experiences, can it reveal and provide access to an un-manifest level of consciousness, vibrant with infinite underlying potentiality?

Wouldn’t that be something! The ground of technology for a new era? Oh well, dream on…and manifest the dream?!

Lockdown

In Indian astrology the 12th “house,” or 12th segment into which the sky is partitioned in order to analyze a horoscope, signifies incarceration but also the seclusion of the mystic, of the meditator—which they believe is a path to “inner” or “true” freedom.

Depending on the condition of the planets associated with it, whether “afflicted” or “un-afflicted,” the same signifier is used to glean the experience of the worst loss of freedom or of the gain of real freedom.

What comes as a punishment for one comes as a blessing for another.

Can the paradox that emanates from this view provide relevant food for thought today?

It’s ironic that a modern society that has achieved unprecedented external freedom (at least for those with access to some money) is being forced into a lockdown.

Going to airports, on airplanes, is one of the most powerful symbols of personal liberty. But to go anywhere and partake of everything that is significant, beautiful, comforting or exciting is suddenly risky.

The pictures of thinned out airports and sports matches without spectators are coming in slowly, one after another, threatening to reach an airport or stadium near you.

Whether we have the virus or not we’re all in recovery mode right now. Something has gone out of its natural equilibrium. The recommendation, when someone gets sick, is rest–always. We’re all in need of a pause apparently, whether we want it or not.

One of the suggestions to avoid the virus is having fresh air, staying a few meters away from others who may be carriers. But in the last century we have shifted from being mostly rural dwellers to mostly urban, we have closed the physical space between us, but we have also decreased the flow between us in many ways.

In many modern places of work the windows don’t open. But maybe the real problem is that we have become more alienated from ourselves than from the natural environment.

We don’t like to be alone, we don’t know who we are by ourselves. We feel uncomfortable without a distractor, our phone, whatever—even when we ostensibly gather with others, when we constantly go from here to there, a party, a concert, a weekend trip, a rally, a restaurant, a theater.

Is the virus only the symptom that we have gone too far away from ourselves collectively, that we need some of the mystic’s seclusion to regain some balance?

Could that be the actual prescription from nature hidden in the present circumstances?

¿Parécese Racismo y Amor?

Dicen que en las crisis sale a relucir lo peor y lo mejor de la naturaleza humana. 

¿Estaremos presenciando eso? ¿En ese orden? 

¿Primero con Trump, y otros demagogos que él alienta alrededor del mundo, destruyendo poco a poco toda semblanza de civismo democrático?

Parece haber bastante gente que “ama” el trumpismo. Pero el amor (real), según opina Hannah Arendt, no se puede profesar a una causa, a una religión o a un nacionalismo, ya que en los grupos organizados en torno a un “interés” común, es este interés el que define la relación del individuo con el mundo, y no lo que se puede llamar amor.

Según ella, el verdadero amor sólo se puede manifestar en una relación directa, con la pareja, la familia, o con los amigos, que en teoría pueden pertenecer a grupos con intereses distintos; sin estar mediado este amor por un interés de grupo que lo corrompe. Ella no era amiga del nazismo pero tampoco del sionismo. Ver a Hannah

Arendt parece advertir que la solidaridad y sinceridad del amor a una causa, si comienza bien, se resbala fácilmente hacia la demagogia, el nacionalismo y la mentalidad de clan.

Pero será que situaciones de emergencia, movimientos políticos, sociales e incluso espirituales emergentes pueden generar un “amor revolucionario,” que sea legítimo, necesario y hasta deseable para realizar un cambio?

Como la solidaridad en CDMX después del temblor del 2017 reflejada quizá en la prosa de Denisse Levertov que describe tal amor?

PRAYER

FOR REVOLUTIONARY LOVE

That a woman not ask a man to leave meaningful work to work for her.

That a man not ask a woman to leave meaningful work to follow him.

That no one try to put Eros in bondage.

But that no one put a cudgel in the hands of Eros.

That our loyalty to one another and our loyalty to our work not be in false conflict.

That our love for each other give us love for each other’s work.

That our love for each other, if need be, give way to absence. And the unknown.

That we endure absence, if need be, without loosing our love for each other. Without closing our doors to the unknown.

Si existe el amor revolucionario legitimo, acaso su corrupción es un “lujo” que puede darse después de confrontar la causa a la que se profesa? O en el caso de las religiones cuando la vitalidad del misticismo que las funda desaparece?

Pero estaremos en nuestra sociedad globalizada a punto de observar una confluencia de crisis que nos saque del ensimismamiento del amor por la familia y los amigos y traiga a relucir, aunque sea por algún tiempo, lo mejor de la naturaleza humana?

🤷 Quién sabe!

Time is a waste of time

Your body lives in space and time.

How about your mind?

Your senses help it comprehend space—but your mind always tries to capture time.

It remembers things of the past. It plans for the future. It is keenly aware of the diminishing time the body has left to live as day by day goes by.

But does the mind ever capture time?

“Cherish the present” is a common advice.

I would put it differently.

Once in a while, whenever you remember, forget about time. Situate your mind in space. Here you are! In space there’s no time.

In fact time has not been proven by physics to exist as we perceive it. Of course things change, but to physics time doesn’t exist by itself. To physics there’s something called space/time.

Einstein even explained that you can effectively travel to the future. If you send one twin on a spaceship, because time elapses differently depending on the speed at which you are going, when he returns, from his perspective, he encounters his twin in the future—and his twin sees him in the past. One has aged and the other has not.

This is mind bending. It takes time to understand…

But the simple conclusion is that time is not absolute. Like the Earth is not flat. It only looks flat. So why insist on time? It’s a waste of time.

While you try to figure it out, time has gone by. Or has it?

Whenever you remember, forget time, stay in space, just the space in your mind for a moment. Notice how spacious, how free you are!