La Ciencia y la Mitología Perdida

Podemos definir más de 2,000 años de cultura occidental a través de las distinciones que ésta hace entre mito y razón, entre lo imaginario y lo real, entre subjetivo y objetivo y en última instancia entre magia y tecnología. ¿Estaremos entrando en una nueva fase de ese proceso?

El sello distintivo de los filósofos griegos, en cuyo pensamiento se basa en gran medida la cultura occidental, es el paso del mito a la razón.

Hesíodo, dio el primer paso alrededor de siete siglos a.C., con su obra Teogonía.

“Esta representa el tránsito de una explicación de la realidad basada en leyendas poéticas y construidas en base a representaciones simbólicas, imágenes, metáforas, etc. a una explicación de la misma basada en la lógica, aunque su cosmología incluye entidades semi-abstractas como Caos, Gea, Tartaro y Eros para explicar la estructura de lo real.”

Manuel Pérez Cornejo: De Hesiodo a Jung: El sentido de los mitos desde la filosofía

Poco a poco se iría estableciendo una separación cada vez más tajante entre lo imaginario y lo real.

Para cuando llegamos a Aristóteles, 350 años después, la razón adquiere supremacía, aunque todavía referida a algo trascendental, más allá de la razón.

Otros 250 años después, siglo uno a.C., en Roma, Lucrecio escribe Sobre la Naturaleza de las Cosas, donde plasma en poesía los dichos de su maestro Epicuro: “Nada nace nunca de la nada por voluntad de los dioses.”

Lucrecio se considera en el Renacimiento como un pilar para sostener ideas racionalistas y laicas. A pesar de toda la estructura y el arte religioso de la época, representa una especie de presagio de Galileo, y el método científico, que entraría en choque con la iglesia.

El método científico asume la existencia de una realidad objetiva que es capaz de ser observada y entendida por el sujeto investigador, quien para ello necesita mantener su distancia de lo observado, realizar experimentos repetibles para llegar a conclusiones aceptadas por una comunidad de especialistas, lo que supone que no estén contaminadas por la subjetividad del observador.

Repentinamente, hace unos 100 años, vinieron a irrumpir en estas premisas algunos experimentos en física relacionados con los pequeños componentes que configuran las cosas observables por nuestros sentidos (la física cuántica), es decir el átomo y lo que lo conforma, donde el observador parece afectar y concretar lo observado.

Acá puede servir una analogía: sería como si el acto de observar el agua que emana de una fuente la congela, y la convierte en un objeto, a partir del agua líquida en movimiento.

Así más o menos es cómo observamos partículas. Hasta ser observadas, son ondas, decía la primera interpretación de la física cuántica, conocida como la interpretación de Copenhague.

Por algunos años, gente con un interés en la cosmogonía oriental antigua, ha querido ver una confirmación de dicha visión filosófica en la física moderna.

Por otra parte, mucha de la gente que mejor explica esa física se declara atea o agnóstica, como Stephen Hawking o Robert Penrose (aunque éste último habla de una proto-conciencia como ingrediente fundamental en el universo).

¿Será que lo que falta a los científicos occidentales es entender que la cosmogonía oriental incluye un concepto teológico impersonal, con un Dios que es más como lo define el filósofo Baruch Espinoza, que como lo definen las religiones judeocristianas?

El de Spinoza es el concepto de un orden subyacente, una inteligencia de la naturaleza que ordena y gobierna los fenómenos observables; ésta inteligencia se puede discernir como las leyes de la naturaleza.

Tanto la física moderna, como Spinoza, como la cosmología oriental, apuntan claramente a una totalidad indivisible de la que todo forma parte.

Entonces, y sin hablar de Dios, personal o impersonal, hablemos de magia.

Entrelazamiento

La tecnología de hoy, que nos permite volar de una ciudad a otra, o recibir una señal de radio o TV, sin duda aparecería como magia en otro tiempo.

Es interesante que una de las consecuencias teóricas de la física cuántica, algo que se conoce como entrelazamiento, no fue aceptada por Einstein por aparecer precisamente como magia. “Acción misteriosa a la distancia,” le llamó él, rechazando la explicación que daban algunos de un efecto cuántico.

Ahora el entrelazamiento ha sido demostrado, sin que quepa la menor duda sobre ello. No importa la distancia, hay una información compartida de lo que pasa en un lugar, que activa una acción instantánea y equivalente en otro lugar, aunque sea del lado opuesto del universo.

Físicos y pensadores, como Sean Carroll, a quien también le disgusta la connotación “hippy” de la conciencia como agente creador, afirman que no es ésta la que cristaliza posibilidades con su observación, sino que el entrelazamiento entre el observador y lo observado —ambos realidades objetivas— crea un mundo específico.

Este entendimiento es que todo, tanto el observador como lo observado, están constituidos de entrelazamientos de partículas elementales, las cuales a su vez tampoco son partículas. Sólo son entrelazamientos de vibraciones de un campo (el campo cuántico).

Lo que aparece solido ante nosotros es un entrelazamiento vigoroso de vibraciones, como la antorcha que mueve una mano en la noche oscura y aparece como un círculo.

El círculo existe y nosotros existimos. Se puede filmar, no lo crea nuestra conciencia. Pero tampoco es sólido. Sólo parece sólido. Lo que aparece vacío es sólo porque ahí hay menos entrelazamientos, pero el campo cuántico está en todas partes, conectándolo todo.

Magia

Ok.

Acá no hay nada teológico ni espiritual, pero tenemos que admitir que hay algo mágico. No sólo porque emergemos de vibraciones, sino por otro (pequeñito) detalle:

Al entrelazarse, el observador con lo observado, en un mundo en el que algo se mueve a la izquierda, por ejemplo, se crea simultáneamente otro mundo en el que está el mismo observador viéndolo moverse a la derecha. ¡En serio! 

Esta es la explicación, que no admite el elemento de conciencia como agente creador de los fenómenos observados, se conoce como La Interpretación de los Múltiples Mundos. Puede sorprendernos que hoy en día gana las encuestas en cuanto a interpretaciones de la teoría cuántica, aunque no sea por mayoría de votos, sino sólo por una pluralidad de físicos.

La Interpretación de los Múltiples Mundos invoca la existencia de todas las posibilidades (en vez de todas las posibilidades existir en potencia), pero en yuxtaposición, en mundos paralelos.

Por muchas décadas los físicos se habían dado por vencidos, casi todos ellos, en cuanto a poder explicar la mecánica cuántica. Bastaba con usarla sin entenderla para crear cosas como el GPS y el Cat Scan, y el dispositivo en el que estás leyendo esto, pero ahora están retomando el tema de entenderla.

Lo interesante para mí es que, ya sea que nos quedemos con Copenhague o con los Multiples Mundos, la separación que se fue dando a lo largo de más de 2,500 años entre el sujeto y el objeto de observación ha llegado a su fin.

Ya sea porque el observador cristalice lo observado, o porque el entrelazamiento entre ambos cree su mundo.

De hecho Lucrecio no estaba muy lejos del entendimiento al que llegamos en la actualidad. Para él la materia estaba hecha de partículas muy pequeñas, en movimiento perpetuo, chocando y virando en nuevas direcciones. Dos mil años después parece que sólo falta agregar que las “partículas,” en el fondo, no son más que vibraciones; y que todo se mantiene entrelazado. Ah bueno, y lo de los mundos paralelos…

¿Tecnología?

Esto nos lleva a reconsiderar la diferencia entre magia y tecnología. Ciertamente volar en avión o ver televisión aparecería como magia a los antiguos.

Por otra parte, el entrelazamiento nos puede llevar a considerar, desde una perspectiva ligeramente diferente, apelaciones a Marte o a Júpiter, fuerzas naturales mitológicas, veneradas otrora desde India hasta Roma, en ceremonias realizadas aún el día de hoy, en la India, habitualmente, después de leer el horóscopo de un recién nacido.

¿Entrelazamiento entre una fuerza de la naturaleza, por un lado, y la psique y el entorno del niño, por el otro, discernido en el mapa del firmamento en el momento de su nacimiento? Aunque no deja de sonar inverosímil, de repente suena menos descabellado y más en una continuidad, aunque sea conceptualmente, con el uso del código genético o la composición de la sangre, para estudiar circunstancias “subjetivas” del recién nacido.

Esto nos lleva a ponderar el tipo de metodología que podría llegar a sacarnos del atolladero en el que estamos como sociedad, creado por tecnología maravillosa pero surgida a partir de una visión científica segmentada de la naturaleza, interior y exterior, objetiva y subjetiva, antes de la física cuántica.

Esa visión que separa es el sub-texto de una cultura en la cual, por ejemplo, ya que somos diferentes a nuestro entorno, se suponía que lo podíamos explotar ilimitadamente para nuestro beneficio, o a otros seres humanos.

Creo que podemos esperar que la revolución en el entendimiento de la separación y la unidad, en la física, cambiará el sub-texto de nuestra cultura.

¿Estaremos ahora, después de 2,500 años de alejamiento paulatino del mito, de regreso, más cerca de Platón y el mundo de las ideas, que del modelo aristotélico-tomista, en el que existe una sola realidad objetiva?

¿Habrá forma de acceder al campo cuántico para reparar cosas o re-setear las cosas? Ya sea la salud o la coherencia en el funcionamiento social. Investigaciones como la del Efecto Maharishi, de la que hablaré en la próxima publicación, resultan muy sugerentes.

Ahora que vemos concatenarse toda clase de crisis: de salud, de indole social, económica, política y climática, quizá nunca volvamos completamente a la semblanza de normalidad que teníamos en el pasado, pero que nos acerquemos más, quizá, a una normalidad más profunda y real.

Platica Introductoria al Taller 15/06/20

Taller del Dr. Benjamín Feldman vía videoconferencia.

Make it or Break it?

Today, or whenever the US senate votes, might become the historical symbol of the “make it or break it” point for America. I’m afraid any hopes of erasing the psychophantic reign of Trump soon have to be exchanged for understanding the chronic disease that has taken root in the American mind, and therefore in it’sSigue leyendo “Make it or Break it?”

Sesion 1 del Taller 21/06/20

Taller del Dr. Benjamín Feldman vía videoconferencia.

A propósito de la toma de posesión de Biden

EL PROBLEMA CON LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD. El placer puede ser alcanzado, el dolor puede ser evitado, pero ¿puede perseguirse la felicidad? La sociedad americana, y por extensión de ella la civilización occidental, está manifestando la ira que acompaña un desquiciamiento mental. Ésta no es feliz, a pesar de todas las diferentes golosinas disponibles,Sigue leyendo “A propósito de la toma de posesión de Biden”

Sesion 2 del Taller 28/06/20

Taller del Dr. Benjamín Feldman vía videoconferencia.

Pacto Social o Ley Divina

¿Alternativas conciliables? La Constitución Norteamericana, como las constituciones republicanas democráticas que la emulan, contiene una contradicción que nunca ha sido resuelta. Es algo que, a pesar del triunfo de Biden, podría, a mediano plazo, poner en cuestión el experimento norteamericano, como se refieren a él algunos de sus más asiduos defensores. La mayoría de laSigue leyendo “Pacto Social o Ley Divina”

La Intersección (Nov.1)

Charlas con Benjamín Feldman. Seis Sesiones. El primer domingo de cada mes a las 11 am. Inicia el 1ero de Noviembre Vía Zoom Mi trabajo y estudio, con el filósofo y científico de la India Maharishi Mahesh Yogi, resultan en una visión moderna y a la vez un tanto inusual o inesperada, sobre temas perennesSigue leyendo “La Intersección (Nov.1)”

Sesión 3 del Taller 05/07/20

Taller del Dr. Benjamín Feldman vía videoconferencia.

Donald and Ivanka

Little love, solidarity and compassion are on display in the USA Can this have something to do with the disfunctional family? For most of us “child abuse,” is totally alien to our experience. However, in Silently Seduced-When Parents Make their Children Partners, Kenneth Adams offers a wider description of what he calls “covert” incest. His definitionSigue leyendo “Donald and Ivanka”

Taller con Benjamín Feldman

La Cuarta Sesión Será:
Domingo, 12 de Julio, 11 am Hora de México
90 Minutos

Después de la cuarta sesión teórica
habrá la oportunidad de tomar cuatro sesiones de prácticas

Si no has participado, lee la entrada “La Conciencia” y después sigue el orden de los videos.

Entrada en el Blog: La Conciencia

Video: Plática introductoria del 15 de Junio (55 min)

Video: Primera Sesión 21 de Junio (01:05min)

Video: Segunda Sesión 28 de Junio (1:20min)

Video: Tercera Sesión 5 de Julio (1:13min)

No podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento
que usamos cuando los creamos —Albert Einstein

La Conciencia

Próxima Sesión: Domingo 21 de Junio 11am, hora de México, por Zoom

Nueva Frontera de la Ciencia

Tenemos recursos internos que desconocemos o usamos poco, pero que son reales y aprovechables para fortalecer la inmunidad y restablecer equilibrio en la mente, para contrarrestar problemas como ansiedad, depresión, insomnio y enfermedades causadas o agravadas por el estrés; o simplemente para aumentar nuestra vitalidad y bienestar mental y físico.

El reto al que nos enfrentamos hoy en día, tanto a nivel individual como colectivo, no es sólo la pandemia, sino su concatenación con situaciones políticas, económicas, sociales y climatológicas globalizadas, que nos llegan a tocar de manera muy personal.

También se habla de que está terminando el orden mundial que prevaleció durante los últimos 75 años. O sea durante la mayor parte, o toda, nuestra vida. Ése orden de cosas surgió de la mano del descubrimiento de la energía nuclear y la detonación de la bomba atómica. Un evento terriblemente destructivo que dio lugar a la guerra fría y finalmente a lo que parecía ser un triunfo de la Democracia Liberal y la Economía de Mercado con la caída del Muro de Berlin.

El desmoronamiento de una situación en la que por lo menos se hablaba de democracia y libertad de expresión, también nos está afectando. Por ejemplo, cuando Trump llama a la prensa el enemigo del pueblo, 44 países atacan a la prensa libre, entre ellos México.

Menciono este contexto porque es interesante, incluso importante, que el entendimiento del fenómeno de la conciencia, con la que percibimos el mundo exterior, y con la que percibimos nuestros pensamientos y sentimientos, viene formado en la fila del conocimiento científico, después del entendimiento del átomo.

Cómo se da esta curiosa secuencia de estudio resulta fascinante; pues resulta que no sólo nos vemos afectados por lo que ocurre objetivamente a nuestro alrededor, como sería, obviamente, la detonación de una bomba, sino que algo similar ocurre en reversa.

El método científico, y el sentido común, asumen que nuestra capacidad de percatarnos de las cosas funge como observadora del mundo objetivo y separada de él. Sin embargo, al mismo tiempo que se descubría como usar el poder encerrado en el átomo, la física se topó, inesperadamente, con que el observador, en este caso del átomo, parece transformar lo observado. ¿!Por el sólo acto de observarlo!?

Eso no se ha terminado de entender, aunque ya ha generado tecnologías como el GPS y el dispositivo en el que lees esto en este momento; pero la ciencia tiene hoy en día más interés que nunca de entender bien a bien el fenómeno de la conciencia.

Sé que esto puede sonar muy técnico y abstracto, pero el punto es que se puede vislumbrar que poseemos un poder incalculable por el solo hecho de tener la facultad de ser conscientes. En algunas tradiciones y culturas antiguas eso se daba por sentado.

Podemos preguntarnos si las soluciones que surjan en un nuevo orden mundial, las que nos permitan que las cosas se pongan mejor, después de ponerse quizá peor, provengan de manera significativa del entendimiento del fenómeno de la conciencia.

Sin embargo, la pregunta inmediata y práctica ante nosotros es si el confinamiento nos proporciona una oportunidad para inmunizarnos, en un sentido literal, pero también más amplio, del caos que se ve venir, rescatando herramientas de conciencia que ya existen pero que están mayormente en desuso. ¿Podemos empoderarnos, en vez de caer presos de lo que sucede en nuestro entorno? ¿Podemos incluso transformarlo? La respuesta es un rotundo sí.

Taller Domingo 21 de Junio 11am, hora de México

Invitación a una serie de cuatro platicas, los domingos, comenzando este domingo 20 de Junio, por Zoom.

Estas cuatro sesiones teóricas irán seguidas de otras cuatro sesiones prácticas, de instrucción en la meditación. Les quiero asegurar que nada de esto será difícil, y que todo a quien le interese podrá completar las ocho sesiones con éxito, con ello obtendrán autosuficiencia para meditar en casa solos, por unos minutos, diariamente.

El uso de esta metodología como parte de su rutina diaria tendrá efectos palpables profundos e inmediatos.

Si ya tienen una práctica mental o espiritual que les es útil, les puede resultar interesante, de todas maneras, asistir a las cuatro conversaciones teóricas.

Trascender esta Crisis

Justo cuando la oruga pensó que el mundo se acababa, se transformó en mariposa

El panorama ante nosotros; y la oportunidad:
El Panorama

La situación en México es seria.

Podrá haber pronto mucha gente desesperada por satisfacer sus necesidades más básicas de salud, alimentación y duelo. En términos de salud, no sólo por el virus, sino por la saturación de un sistema que ya distaba de ser óptimo. Esperemos que no se sume a esto algo como un huracán, con fuerza redoblada por los efectos del calentamiento global, o algún evento de esa índole. 

La pandemia ejercerá presión sobre la condición económica de millones de personas, lo cual seguramente generará un aumento de desorden social e inseguridad.

La presión en la frontera con Estados Unidos posiblemente se agrave. El ingreso a aquel país, que ha funcionado para México como una válvula de escape y una fuente de recursos repatriados, será cada vez más difícil; y la situación puede tomar sesgos militares.

A nivel mundial, la situación también es seria. Según el Secretario General de la ONU esta pandemia es el mayor reto que se ha tenido desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Estará demarcando el cierre de un ciclo de 75 años, que comenzó con la detonación de las primeras bombas atómicas y la subsecuente ascendencia de la democracia liberal hermanada con la economía de mercado?

La democracia comenzó a desmoronarse hace unos años, en EEUU, que era su máximo proponente, así como en otros países donde se ha visto el ascenso del populismo de izquierda y de derecha, en parte porque la economía de mercado se convirtió en un capitalismo desbocado y fracasó en cerrar la brecha de iniquidad económica que, en vez de disminuir, ha aumentado en muchos países. Esto ha cambiando drásticamente el mundo en el que nacimos la mayoría de quienes estamos vivos hoy en día.

¿En vez de volver a la “normalidad” pronto, será que estamos en el cierre de una etapa más prolongada? ¿Sería muy descabellado irnos a la Atenas antigua, donde identificamos el origen del ideal democrático y la Civilización Occidental, para abrir el paréntesis que se cierra ahora?

Quizá cuando cayó el Muro de Berlin la democracia tuvo su mejor oportunidad, en 2,500 años, de mostrar sus supuestas virtudes. En lugar de ello se degradó y su ideal, que nunca fue plenamente expresado, se corrompió.

Las civilizaciones comienzan y terminan. La Occidental surgió de la Edad De Bronce, que colapsó en una especie de edad media que los historiadores llaman la “Era Oscura” de Grecia. No pensamos mucho en ello pero puede ser util recordar que una vez, por mas de 2,000 años, las civilizaciones de la Edad de Bronce formaron un mundo globalizado, que comerciaba del Mar Egeo al Valle del Indus, pasando por Egipto y Mesopotamia.

La Grecia que reemplazó aquello también nos trajo el juramento hipocrático. Es paradójico que, aun antes del virus, se había vuelto peligroso ir al hospital para aliviar un daño. En un giro perverso de las cosas, algunas de las bacterias más perniciosas, que responden cada vez con mayor dificultad a los antibióticos, habitan precisamente ahí.  Las enfermedades iatrogénicas, que resultan del ejercicio de la medicina moderna, ocupan un porcentaje cada vez mayor en las causas de mortalidad.

Otros elementos, como la extinción masiva de especies y el calentamiento global, nos hacen sentir que no son la política y la salud, con todos sus efectos sociales y económicos, las únicas crisis que podrían concatenarse en una cascada global, sobretodo en los países en desarrollo. México sería sólo un ejemplo que no pinta demasiado bien.

En tal situación esperaríamos que el método científico que ha venido guiando nuestra civilización desde el siglo XVI nos saque del atolladero, pero, oh suerte, éste también entró en crisis, hace 100 años. Hace falta entender mejor cómo están relacionadas la física de lo de lo grande, mediante la fuerza de gravedad, que incluye el cuerpo humano y el cosmos, y la de lo pequeño, los átomos por ejemplo, explicado mediante la teoría cuántica.

Son dos formas sumamente exitosas de entender las cosas, en términos de experimentación y tecnología. Aparecieron en el panorama de la ciencia hace unos 100 años, pero todavía no se llevan bien entre sí. También hace falta entender mejor el fenómeno de la conciencia y su papel en una realidad que asumimos es objetiva e independiente de quien la observa.

A lo mejor falta por entender una intersección entre la fuerza de gravedad, el ámbito cuántico y la conciencia, para poder explorar nuevas tecnologías y metodologías, y poder rescatar otras del pasado, que sienten las bases de un futuro donde esta conjunción de crisis haya sido ultrapasada.

La Oportunidad

Las crisis sacan a relucir lo peor, pero también lo mejor de la naturaleza humana, como la solidaridad que se dió en CDMX después del terremoto del 2017. Puede uno vislumbrar cómo la situación actual, por lo mismo que es más grave y global, podría llegar a dar forma a un gobierno solidario, útil, eficiente, genuino, sin grilla, no sólo en México, sino alrededor del mundo. 

No es difícil imaginar cómo la administración pública y privada, la salud, la educación, la economía, la producción agrícola e industrial, habrán, por necesidad, de terminar adoptando enfoques completamente distintos, basados en la expresión de una conciencia más evolucionada y su respectiva tecnología. Este proceso podría llevar a la humanidad a una plataforma de vida mucho más elevada, casi inimaginable, así como la tecnología que poseemos hoy era inimaginable hace 100 años. 

Pero el sentido común parece indicar que la transición, la eliminación de la tensión acumulada en un nivel más bajo de conciencia, podría no ser tan suave, ni tan corta. ¿De qué dependería?

Si se llegara a dar una situación globalizada de disrupción, emergencia y caos—médico, social, económico, político y militar—la calidad de la conciencia de cada quien en lo individual podría ser lo definitorio, también lo que distinga a los líderes y separe, como dice el dicho, a los hombres de los niños.

Pero en este contexto “conciencia” no sería el conjunto de ideas o filosofías que nos rigen, sino algo más fundamental, incluso fisiológico. 

Hoy en día, quienes enseñan las técnicas más avaladas de meditación, hablan de algo palpable en la gente que apenas inicia su práctica: tienen experiencias muy claras de un nivel de descanso en alerta, o nivel trascendental de la conciencia, que antes sólo se alcanzaba después de años. 

Los fisiólogos identifican este estado como un cuarto estado de conciencia, diferente al dormir, soñar o estar despiertos, y ven, como resultado de esta experiencia, un mejoramiento en la calidad de vida e interacción social, que es con más empatía. 

Parecería que podemos vislumbrar, en esta nueva claridad de experiencia individual, el testimonio de un proceso en marcha de elevación de una “conciencia colectiva,” cuya definición se acercaría más a la de un “campo” de la física, como el gravitacional o electromagnético, que a la prevalencia de una ideología. Este concepto “físico” de conciencia colectiva es nuevo, sin embargo ya cuenta con evidencia científica.   

Es la resultante del grado de coherencia o tensión de todas las conciencias individuales que la conforman. Una conciencia colectiva más coherente es el campo fértil para nuevas formas de pensar, más creativas y beneficiosas. Es algo así como el aire que todos respiramos, invisible pero omnipresente, cuya pureza incide directamente en nuestra calidad de vida.

Pero dicha elevación de la conciencia colectiva no ha bastado, evidentemente, para solucionar los problemas creados anteriormente.  A lo mejor sólo ha sacado a la superficie lo que tiene que cambiar y lo ha hecho más urgente. Llegamos a un estado de emergencia, pero quizá ésta no se encuentra primordialmente en el exterior; y lo que hace falta, más que nada, es recapacitar y enfocar sin demora lo que podemos y debemos hacer de cara a nuestro interior individualmente.

El concepto de la trascendencia es perfectamente asequible a una mentalidad moderna, además de algo fascinante (<—leer al respecto acá)

Parecería que lo que se impone ahora mismo es que cada quien examine la posibilidad de cultivar un estado trascendental. De hecho, la situación física de aislamiento, y la dinámica de la situación en general, presentan una oportunidad para un desarrollo exponencial de conciencia, no nada más para pasar el tiempo.

Podría ser el agente de cambio más significativo para dar una dirección constructiva a un cambio global rápido y profundo.

Pero la decisión de dejar que nuestra identidad individual se pierda en un océano de conciencia ilimitada, requiere valor: 

“Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo… mira para atrás, hacia todo el día recorrido, para las cumbres y las montañas, para el largo y sinuoso camino que atravesó entre selvas y pueblos, y ve hacia adelante un océano tan extenso, que entrar en él es nada más que desaparecer para siempre. Pero no existe otra manera. El río no puede volver. Nadie puede volver. Volver es imposible en la existencia. El río precisa arriesgarse y entrar al océano. Solamente al entrar en él, el miedo desaparecerá, porque apenas en ese momento, sabrá que no se trata de desaparecer en él, sino volverse océano.”

—Khalil Gibran—  

Éste parece ser el momento idóneo para ensanchar la conciencia individual, para la disolución de la corriente individual de conciencia en la ecuanimidad del agua que está en el fondo silencioso del océano, a pesar de sus olas turbulentas en la superficie. Pero se necesita fe, fe en lo que las religiones de antaño llamaban “ser cobijados por la luz de Dios” (lo cual en esta era científica puede ser un lenguaje chocante y vetusto), fe porque antes de ser absortos por esa luz (llamémosla así de todas maneras) ésta nos parece, por necesidad, informe, abstracta, indefinible. 

Esto nunca se podrá objetivar, aunque sea la concreción de la abstracción pura. Es la disolución de los límites, no la consecución de “algo.” El ego está acostumbrado a la ilusión de consecución.

El Ser absorbe, disuelve la idea del “yo” separado, pero tenemos que permitirlo, con el discernimiento individual que descansa en una  comprehensión (que es más como captar que entender) universal.  

Se requiere confianza o valor, y no esfuerzo, para entrar en el estado meditativo aceptando con toda humildad cualquiera que sea la suma de nuestras situaciones y circunstancias, nuestro karma podríamos decir, con apertura de conciencia, con reverencia a lo imponderable… y dejar ir. 

No encontremos motivos para esperar, para posponer. Demos el salto. Cada uno. Individualmente. Permitamos ser absortos por lo trascendente. Podría ser que hoy por hoy no baste con nada menos.

“I”

Like the rest of us, I don’t know who I am. 

I know what I like, whom I Iove, whom I don’t. I know what my thoughts are about certain things, I recognize the body that carries the mind that thinks those thoughts, I know its name, what it looks like, many others do. 

They say, hey Kuber, how are you. Some know the family into which I was born, how old I am, what I’ve done with my life (they’ll have different opinions about that, haha). 

So, am I the aggregate of the body and all these attributes, histories and events attached to my name? Am I the collection of all that, plus my thoughts or my feelings? Initially, as a child, certainly I was just that. I was being defined from outside. 

But if I’m just a collection of stuff, why do I call these things mine?

If they are mine, whether inside or outside my mind, they are different from ME! 

There is some sense of I-ness beneath all that. But if I try to pinpoint it, it seems elusive, a sense of being beyond any thought. 

Doesn´t the same happen to you?

What would happen if the “I” could turn its attention on itself for a moment, instead of always being busy completing sentences like I…am an academic, or a carpenter, I…see a beautiful sunset, I…want this or that, I…love my spouse (hopefully). I…think…about a million things. 

What if one could remain awake within, to glimpse this I-ness by itself, when thoughts and perception have subsided, instead of collapsing into sleep or unconsciousness. 

The sense of I-ness seems to be linked to the body, but it seems to also be kind of ethereal. It doesn’t seem to have defined boundaries, to begin and end somewhere, to have borders, the way one’s body does. 

Maybe I-ness is similar to what a screen is for a movie. I have been going to the movies for many years, I know a lot about movies, I am used to seeing exactly where Meryl Streep (my favorite actress) begins and ends—but the screen underneath her is not bound by the same kind of limits that she appears to have. 

We can even imagine, for the sake of this analogy, the screen going indefinitely in all directions. The screen provides an unbounded basis for the boundaries of which the movie is made. 

The movie begins and ends on schedule, but ultimately the screen is more real (i.e. more permanent) than the movie projected on it. It does not partake in the dimensions of time and space where its narrative, images, words and music come and go. The screen is both transcendental and immanent to the movie I saw today; as to the movie that will play tomorrow. 

But whenever a movie I go to see is over, the screen goes dark, I never experience the screen. 

And yet, without the experience of the transcendent basis of experience, what am I really? 

I wish I had the answer—but what I know is that what actually makes me human is the desire for transcendence, for going beyond the mind or the body, or even the feelings, which without transcendence might seem to pertain to the animal realm. 

I may transcend through love of family or community, through my service to them or to a cause, through art, philosophy, through knowledge, even through business I want to transcend my limitations. All these are things the raccoons in my garden seem incapable of doing–or not quite like me anyway.  

But can the projector be left on without a movie, even for a moment? Can we get to experience the transcendent consciousness directly? 

That might set us apart, not only from the animals, but from artificial intelligence as well. To actually be able to know our essence. Pure consciousness. 

Not pure in an ethical sense, but as a technical description. Like distilled water is different from water mixed with other things. 

Is it difficult to attain? Maybe not with proper instruments—trying to cut vegetables with a blunt knife doesn’t do the trick. Might we be able to avail of the right technology needed in this technological age? 

But the main question we want to ask may be a different one: what would be the point of glimpsing or attaining this state of “pure” consciousness? Just to be different from a robot or a raccoon? It would seems utterly pointless, negating the very specialness I am trying to ascribe to the human race here. 

We can glorify our life with all the other forms of transcendence, so why pursue this direct transcendence. Without denying the tremendous and wondrous capacity of the human spirit to soar through almost any means, let’s give its rightful place to research. 

Research!?

It is probably natural to object to anything that interferes with a sense of knowing already pretty much everything we need to know, especially as we get older. Otherwise have we been wasting our time? Yes, more anecdotal knowledge about anything is welcome, we may read many books, but not something that truly challenges our sense of control.

But if that is taken too far, we may be calling a new virus simply a flu—for example—beyond the point we should be; and we could be doing so at our own peril. 

Truly going beyond our knowledge goes in the opposite direction of the feeling of having things under control. Nevertheless, we can admit that we don’t know little things—such as how this universe was created and what happens when we die—let alone the answer to the big questions–like why are there so many boxes of cereal in the supermarket if they all taste the same? 

We may outsource difficult questions to a religion, to atheism, agnosticism,  philosophy (of science, or otherwise), etc. . 

But let’s be humble and admit that that the symbols or words that philosophy and religion use to convey their ideas of permanence are provided to us from outside ourselves. Language too is an object in our consciousness, put there by mom and dad and education, and is also different from the transcendental sense of I-ness. 

I’m prepared to accept that the faith that may emanate from these ideas goes beyond words or even emotion, that faith feels like a cognition rather than acquired knowledge, it is something that you know for certain, even if you cannot prove it to anyone else. In this case words seem to confirm something that precedes them. Faith is like a presence or Is-ness that approximates and elevates the I-ness to it. Perhaps that’s why faith makes us feel so alive. Any faith, even faith in the absence of God. 

I myself have faith in the power of Nature, call it that for lack of a better name. I can sense it. I can even say I have experienced the miraculous sometimes. But sensing or occasional proof is different from truly knowing, the kind of knowing that requires the subject of knowing and the object of knowledge to become one and the same. That may require bringing consciousness to a level that transcends distance and difference.

Perhaps research into consciousness can teach us something. Research that is not mediated by a microscope or telescope or even words, research into the direct self-referral experience. What the ancients called meditation, not what that word has come to mean in the West (to think about something). Or maybe what the West would call psychotherapy, if it were capable of removing obstacles to transcending–not just reveal why you should hate your mother!

Maybe such research would allow the projector to stay on and the curtain open, without an intervening film. The ancient peoples from the East called this the experience of the Self. They vested in the word huge symbolism by simply capitalizing it. 

In English we also capitalize the ”I,” but I have a feeling that the ego is something different from the Self. 

If I find out, I will be sure to let you know. I would love to brag about it! 

But if the ego wants to appropriate this attainment of the Self, as if it was money, or beauty, or a degree, will it become elusive again, like a mirage, something that one can never really grasp–because its not a thing? Will it become hidden again like all other objects under the screen—only this time by a movie about the Self?

Aghh, it seems ”I” cannot win. 

Maybe the Self can?

And if it really does, the transcendent might become the immanent. Once a scientist isolates a field of study, say the electromagnetic field, or the gravitational field, it is easier to realize it everywhere spontaneously, even if it is hidden to the untrained eye.

Under those circumstances art may become more significant, love richer, knowledge more profound, philosophy more meaningful, and every little act or perception or relationship could take a more luminous quality.

And if consciousness is thus cultivated, maybe society can even come out from the problems created by it in a less cultivated state?

Maybe what civilization needs now, after mastering the electronic and the atomic levels of nature, after quantum theory has produced such wonders as the GPS and the semiconductor in the device you’re probably reading this on, is a technology that utilizes the brain itself. If it can produce a world of wondrous images and experiences, can it reveal and provide access to an un-manifest level of consciousness, vibrant with infinite underlying potentiality?

Wouldn’t that be something! The ground of technology for a new era? Oh well, dream on…and manifest the dream?!

Lockdown

In Indian astrology the 12th “house,” or 12th segment into which the sky is partitioned in order to analyze a horoscope, signifies incarceration but also the seclusion of the mystic, of the meditator—which they believe is a path to “inner” or “true” freedom.

Depending on the condition of the planets associated with it, whether “afflicted” or “un-afflicted,” the same signifier is used to glean the experience of the worst loss of freedom or of the gain of real freedom.

What comes as a punishment for one comes as a blessing for another.

Can the paradox that emanates from this view provide relevant food for thought today?

It’s ironic that a modern society that has achieved unprecedented external freedom (at least for those with access to some money) is being forced into a lockdown.

Going to airports, on airplanes, is one of the most powerful symbols of personal liberty. But to go anywhere and partake of everything that is significant, beautiful, comforting or exciting is suddenly risky.

The pictures of thinned out airports and sports matches without spectators are coming in slowly, one after another, threatening to reach an airport or stadium near you.

Whether we have the virus or not we’re all in recovery mode right now. Something has gone out of its natural equilibrium. The recommendation, when someone gets sick, is rest–always. We’re all in need of a pause apparently, whether we want it or not.

One of the suggestions to avoid the virus is having fresh air, staying a few meters away from others who may be carriers. But in the last century we have shifted from being mostly rural dwellers to mostly urban, we have closed the physical space between us, but we have also decreased the flow between us in many ways.

In many modern places of work the windows don’t open. But maybe the real problem is that we have become more alienated from ourselves than from the natural environment.

We don’t like to be alone, we don’t know who we are by ourselves. We feel uncomfortable without a distractor, our phone, whatever—even when we ostensibly gather with others, when we constantly go from here to there, a party, a concert, a weekend trip, a rally, a restaurant, a theater.

Is the virus only the symptom that we have gone too far away from ourselves collectively, that we need some of the mystic’s seclusion to regain some balance?

Could that be the actual prescription from nature hidden in the present circumstances?